Lo que más deseamos como padres es que nuestros hijos sean sanos, felices y exitosos a medida que van creciendo. Los amamos desde que nos enteramos de su existencia, ese amor puede ser tan grande que sin darnos cuenta puede volcarse en nuestra contra.

El amor que le damos a nuestros hijos debe ser muy equilibrado y bien administrado. Amar a un hijo no es, llenarlo de regalos, mimos, atenciones, complacer todos sus caprichos y hacer todo lo que ellos nos pidan. Pues puede que estemos criando a un niño malcriado, merecido, egocéntrico y egoísta.

Consecuencias a largo plazo…

Los padres comentemos muchos errores de forma inconsciente a la hora de criar a los hijos, dejándonos llevar por el amor desmedido. Por esto asumimos conductas que en el presente son satisfactorias, pero al paso del tiempo son usadas por los niños como herramientas para manipularnos.

Las consecuencias de la forma como los criamos adecuadas o no, las evidenciamos a largo plazo. Transformándose en los niños en conductas adecuadas o inadecuadas, volviéndose estas en nuestro favor o en nuestra contra según sea el caso. No por querer hacerles y dales más, los amamos más, la crianza va mucho más allá.

Seamos reflejos de buenas acciones.

Ser un buen padre es dar un buen ejemplo y ser modelo para ellos. No podemos, pedirles a nuestros hijos que no nos griten si nosotros le gritamos, que aprendan a ganarse las cosas; no darles el pescado sino enseñárselo a pescar, darles responsabilidades bien establecidas dentro del hogar. Debemos dar y pedir amor de forma adecuada, mimarlos y protegerlos con equilibrio, para ello hay que ser muy firmes y no dejarse manipular.

Criar a un hijo no es tarea fácil, no hay un manual para ello. Pero si hay pautas de debemos seguir para que la situación no se nos valla de las manos. Aplicando correctivos adecuados de forma lógica, asertiva y coherente en el momento preciso y ser consecuentes con los mismos.

En el proceso de crianza los hijos siempre ponen a prueba a los padres, midiendo hasta donde pueden lograr lo que desean. Así se establece una lucha de poderes en el cual siempre se deben establecer bien cuál es el roll que cada uno desempeña, el de padre ser educador y el hijo ser educado. Cuando estos se invierten comienzan los problemas. Siempre hay que poner bien en claro que quien lleva el control y quien da la última palabra son los padres.

Lo que debemos hacer.

Antes de quejarnos de las malas conductas que manifiestan los hijos, primero debemos revisarnos como padres. Analizar si esa conducta negativa que está presentando el niño es consecuencia de una nuestras. Así al darnos cuenta de la falla, concientizarlo y buscar las estrategias y herramientas que nos van a llevar a la corrección de estas.

Verlos enfadados, llorar, de mal humor por una decisión tomada, forma parte de ser padres. Hay que ponerles las cosas difíciles, establecer límites, no acceder a todo lo que se le antoje. Debemos bridarles una educación sana y objetiva, q los prepare para enfrentar cada una de las etapas de la vida.

Es importante conocer bien a los hijos, saber cuáles son sus sueños y deseos. Enseñarles que en la vida hay momentos buenos y momentos malos y que de todos se aprende. Tener buenos canales de comunicación, compartir tiempo de calidad con ellos, cumplir las promesas que se le hacen y trabajar siempre con la verdad.

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