La forma en la cual somos criados sin lugar a duda es el reflejo nuestra existencia como adultos. Durante nuestra infancia nos enfrentamos a una amplia gama de escenas. Van desde momentos de felicidad hasta potencialmente problemáticos, que nos van a marcar de por vida.

Los eventos que ocurren durante la infancia hacen la base de nuestra vida adulta, formando nuestra manera de comportarnos y moldeando la forma de ser.  Todos tenemos un carácter diferente por lo que los eventos importantes de la infancia afectan de forma diferente a cada persona dependiendo de su personalidad innata y la actitud tomada ante cada situación.

Patrones que hay que reconocer…

Nuestros padres, bien sea repitiendo esquemas o modificando lo que no les gustó en la forma como fueron criados y de acuerdo con sus experiencias buenas o malas van a forjarnos como adultos. Cometiendo errores con consecuencias en ocasiones muy graves, pues cuando llegamos a la vida adulta muy seguramente les vamos a recriminar ciertas cosas de las cuales en ese momento es que se van a dar cuenta que cometieron errores irreversibles.

Pero debemos tomar en cuenta que gracias a que seguramente logremos tener una mejor educación académica que nuestros padres, la información a través de los medios, redes sociales y ayuda profesional es posible superar traumas arrastrados desde la infancia y de esta manera no transmitírselo a nuestros hijos.

Otra cosa a tomar en cuenta es que nuestros padres en su momento hicieron lo que ellos creían era lo mejor para nosotros, por lo que no somos quien, para juzgarlos, solo debemos de tomarlo como ejemplo para no cometerlos con nuestros hijos.

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