Continuando con el seriado sobre riesgos y delitos informáticos, abordamos el sexting como práctica bastante extendida entre adolescentes y adultos jóvenes. Ésta no es más que la costumbre de compartir a través de medios digitales, material personal de índole sexual. Es decir, escribir, fotografiarse o hacerse videos eróticos para enviárselos a determinadas personas a través de algún dispositivo tecnológico.

Con la masificación de las relaciones digitales, han surgido tendencias que si bien muchas existen en el mundo real; por estos medios pueden causar una repercusión exponencial. Este es también el caso del phishing, el cyberbullying y el grooming, delitos que a su vez pueden ligarse al sexting.

Por qué los jóvenes se ven tentados a caer en el sexting

Vivimos en una sociedad hipersexualizada, en la que desde pequeños, los niños consumen publicidad cargada de simbolismos sexuales. Por otro lado, el ejemplo de los padres publicando hasta el más mínimo detalle de la vida familiar, no ayuda. Esto fomenta en ellos todo lo contrario al sentido de protección de su propia privacidad. La normalización de la exhibición de la vida íntima del núcleo familiar, puede generar que los hijos incurran en sexting.

Adicionalmente, a causa de la presión social o inmadurez, los jóvenes pueden poner en riesgo la privacidad de su información. En el momento en el que deciden enviar un contenido de carácter sexual, automáticamente pierden el control sobre el mismo. El receptor o receptores pudieran reenviarlo a terceros e incluso, pudiese llegar a difundirse de manera viral.

¿Qué podemos hacer para protegerlos?

Somos libres de decidir qué clase de datos privados compartimos desde nuestros dispositivos. Como adultos, podemos asumir las consecuencias de una divulgación indebida de nuestra información personal. Mas, en el caso de los niños y jóvenes, es nuestra responsabilidad orientarlos acerca de la preservación de su intimidad.

Debemos hacerles notar la diferencia entre lo privado y lo público, entre lo íntimo y lo que se puede compartir. Y no solo en el plano de lo virtual, pues del mundo real derivan todas las conductas que se ponen de manifiesto en el ámbito digital. Es por ello que conviene fomentar por medio del ejemplo, conductas como el pudor y el respeto por la intimidad.

Estas prácticas, aparte de exponerlos al posible escarnio público, pueden provocar en ellos una percepción distorsionada de la sexualidad. Las redes sociales y los medios de comunicación masiva, los bombardean permanentemente con información de carácter erótico. De allí la importancia de conversar fluidamente con los niños y promover en su entorno, relaciones sociales saludables.

Niñas con un dispositivo móvil, potenciales practicantes de sexting y en peligro por grooming.

Asimismo, se debe evaluar si los niños y jóvenes tienen la madurez para manejar un dispositivo tecnológico antes de proporcionárselo. Conviene también implementar mecanismos de control parental modificando la configuración de los dispositivos que utilizan. Los hijos requieren de un ambiente de atención y protección en el que se sientan cómodos para manifestar sus inquietudes. La supervisión y el acompañamiento del adulto durante el uso de las tecnologías digitales, es clave en la prevención.

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