Vivimos momentos en los que las relaciones interpersonales se están viendo afectadas por el distanciamiento y las mascarillas faciales. Esto ha generado un mayor auge de interacción social a través de los medios digitales, aun para quienes no acostumbraban hacerlo. Y precisamente son estas personas, las que se encuentran más propensas a tener fallas de privacidad y exponerse a delitos informáticos.

Básicamente, las redes sociales son comunidades virtuales en las que cada quien comparte información con un número indefinido de personas. Este intercambio de información, se puede replicar incluso de manera exponencial. Pues los receptores iniciales, comúnmente están afiliados a otras redes sociales y muchas de éstas a su vez, se encuentran interconectadas.

Prevención de fallas de privacidad en entornos digitales

Debemos estar conscientes en primer lugar, que existen personas “trabajando” 24/7 en la web para conseguir información de valor. Esto va desde los datos que nosotros mismos soltamos en la red, hasta el acceso de hackers. El robo y uso indebido de datos personales e información sensible, en la mayoría de los casos se debe a nuestro descuido.

Ellos están allí trabajando, no tienen nada que perder, nosotros sí. Por eso es nuestra responsabilidad protegernos y proteger a nuestros familiares. Sobre todo a los menos familiarizados con los entornos digitales y por supuesto a los niños y adolescentes. Quienes por su inmadurez, son los que tienden a ventilar en la red más información personal y familiar.

Eres esclavo de lo que dices y dueño de lo que callas

Esa frase es una máxima de mi hermana de la vida y para mí, nada describe mejor el concepto de privacidad. Youtube, Facebook, Whatsapp, Telegram, Instagram, Twitter, Snapchat, Tinder, Tik Tok, entre otras; tienen todas, sus políticas de privacidad. Son esa retahíla de párrafos en letra diminuta que aparece justo antes de instalar una aplicación. Pero seamos honestos, nadie las lee.

Estoy convencida de que tanto la extensión como el tamaño de la letra, tienen como objetivo que nadie lo haga. Pero este es el mejor de los males en cuanto al uso de nuestra información personal se refiere. Después de todo, al hacer clic en “aceptar”, estamos autorizando a esa compañía a hacer un número indeterminado de cosas que desconocemos con nuestros datos. Y que quede claro, las desconocemos porque decidimos aceptar sin leer.

Por otro lado, es un hecho indiscutible que nada es gratis en la vida, o quizá solo al principio. Partiendo del punto que ninguna compañía regala nada sin esperar obtener un beneficio posterior, nuestra data tiene un valor comercial. Ésta se almacena en un motor estadístico donde todo el contenido se integra a una base de datos; la cual luego, puede ser comercializada por las empresas propietarias de dichas redes sociales o aplicaciones web.

Un hacker puede violar tu privacidad

De igual modo, toda la información que un usuario decide subir a las redes sociales, pasa a reposar en servidores globales. Desde ese momento son otros los que controlan dicha información. Asimismo, mucha de esta data personal, queda expuesta públicamente debido a los escasos controles de privacidad que emplean las personas. Ya en sus redes sociales, cualquier hacker puede obtener datos valiosos para luego acosar, chantajear o robar a otros usuarios.

Prevención en el hogar

Resulta importante en todo caso, conversar con los hijos acerca de lo que hacen en las redes sociales. Incluso no está de más, sostener una conversación reflexiva acerca del tema con el resto del grupo familiar. Preguntarnos hasta qué punto estamos proporcionando información sensible, podría generar señales de alarma que conviene atender a tiempo. 

Los padres deben orientar acerca de la privacidad en entornos digitales.

Finalmente, vale resaltar que cualquiera de nuestros familiares podría quedar expuesto a diversas amenazas latentes en la web. Tal es el caso del cyber bullying, el phishing, el grooming, el sexting y los retos suicidas. Fenómenos que se abordarán en próximos artículos a fin de orientar a los padres en la protección ante delitos informáticos.

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